LA ALTERNATIVA
Era
un día de primavera, a principios del mes de mayo, aunque la lluvia daba sus
últimos retazos del año. A las 9 de la mañana como cada sábado, el grupo de
montaña de la U.C.A. se reunía para hacer una bonita ruta. En esta ocasión solo
se habían reunido 4 miembros, como en una buena cuadrilla de toreros, el
matador y los tres banderilleros. Era como un presagio de lo que podría suceder
Superada la estación de Los
Barrios y después “las cabras” a buen ritmo, en la desviación de la depuradora
donde comienza el antiguo camino que llevaba a Castellar, la pista resulta
atractiva y de gran belleza natural. Sin más protección que una puerta-parrilla
en el suelo tipo “canadiense”, para que el ganado no la atraviese y pueda pasar
a la carretera que va desde el vertedero a Los Timbales, lo único que advertía
era un pequeño cartel con la inscripción de “ganado bravo”. Como tantas otras
veces anteriormente, el grupo se fue adentrando en la pista, camino de
Castellar por una zona muy bonita, sin que el cartel pueda disuadir a nadie, ni
infundir miedo de ningún tipo por la cantidad de veces que se ha atravesado
esta ruta sin ningún tipo de problemas. No obstante, algunos reculan un poco,
por si acaso, y se conforma “el paseillo”, dejando al espada Manolo delante,
siguiéndole a corta distancia los banderilleros Ramón, Raúl y Alfonso. Pocos
espadas hay con bigote, pero lo cierto es que Manolo es un innovador y no le
importó asumir el reto. Se veían algunas vacas que, aunque bravas, se muestran
ajenas al paso de los ciclistas, pero a la salida de una curva, el primer
diestro se encuentra de frente con un ejemplar que parecía del Conde de la
Corte, metro y medio de pitón a pitón, que levanta la cabeza asustada. La vaca,
al ver los cuernos que traía Manolo –los de la bicicleta se sobreentiende-,
arremete contra la bicicleta y le coloca un dorsal, es decir, le hace un 8 a la
rueda delantera de Manolo que trató de defenderse poniendo la bicicleta de
frente. En ese momento Alfonso salta de su bicicleta y arrastrándose como si de
una culebra se tratara pasa al otro lado de la alambrada, a ver los toros desde
la barrera, girando la vista hacia su bicicleta que todavía se mantenía en
equilibrio y estaba empezando a caer al suelo. Batió el récord de paso de la
alambrada arrastrándose. A Ramón y Raúl, como si de un pasaje bíblico se
tratara, se les apareció un olivo en medio del camino, al que se encaramaron en
milésimas de segundo. La vaca, entre la fortaleza de los cuernos que llevaba
Manolo, el culebreo de Alfonso y tanta aparición divina, salió asustada hacia
el otro lado de la alambrada, rompiendo los cables de espino, abriéndose al
campo en total libertad. Cuando vieron alejarse el peligro retomaron la
situación, dándose cuenta de que la bicicleta de Manolo no tenía solución
posible, por lo que tuvo que caminar con ella a cuestas hasta Los Timbales,
donde su santa tuvo que ir a recogerlo. Ramón le decía a Raúl ¿tú estabas en el
mismo árbol que yo? Sí, contestó el otro. Pues yo creo que este árbol antes no
estaba aquí, pero nos ha salvado.
La cuadrilla empezó a
sospechar de la sorprendente comodidad, la suavidad y el acolchonamiento blando
y extraño que tras el suceso se había producido en los culotes que llevaban,
aunque notaban que les pesaba un poco más de la cuenta. Tras comentar las
incidencias, prefirieron no seguir hablando de ello y, tras acompañar un poco a
Manolo, emprender el camino de vuelta a Algeciras, eso sí, con la mano derecha
en el manillar de la bicicleta y la mano izquierda tapándose la nariz.
La alternativa fue posible, a
pesar de que la cuadrilla dejara solo al primer espada en tan memorable faena.
¡Qué duro es este deporte!.
Carteles cortesía de Alfonso:

