ACUFENOS: Se están probando métodos diagnósticos y terapias sin demasiado éxito. Los acúfenos continúan siendo un problema médico sin solución. La medicina continúa sin dar respuesta eficiente, diagnóstica ni terapéutica, a todas esas personas que se quejan de que continuamente oyen un sonido grave o agudo, un zumbido o ráfagas tipo ametralladora, que les invalidan laboral e, incluso, social y familiarmente. La anamnesis sigue siendo el mejor vehículo para establecer la causa, pero la farmacología no ha dado de sí lo suficiente. Los acúfenos son un síntoma frecuente y afectan de manera importante a la calidad de vida de un 4-5 por ciento de la población de todas las edades, pero por ahora se siguen resistiendo al diagnóstico de su causa y al tratamiento médico.

El diagnóstico se basa principalmente en la anamnesis, aunque apoyada en audiometría, otoscopia, potenciales evocados auditivos de tronco cerebral (registro de la actividad eléctrica por toda la vía auditiva), radiología y tomografía (Spect). A pesar de todo, diferenciar una causa de otra es bastante difícil y, en buena parte de los casos, imposible.

Se considera que la lesión causante del tinnitus debe alcanzar el córtex cerebral, a través de las vías auditivas, para ser percibida por el paciente. Por este motivo, sea cual sea el origen del tinnitus, la sensación se percibe cuando el estímulo alcanza la sustancia gris. "Esta es la llamada vía única, ya que la sensación debe pasar obligatoriamente por ella; y por esta razón, a pesar de que desde el punto de vista etiológico nos interesa mucho alcanzar un diagnóstico causal o topográfico, es posible que, siendo prácticos, lo más eficaz sea actuar cuando podamos sobre los neurotransmisores centrales".

En diversos estudios se ha observado que los antagonistas de los receptores de N-metil-D-aspartato son capaces de reducir, hasta cierto punto, el volumen de lesión cerebral en modelos de isquemia focalizada. "Estos antagonistas se están desarrollando también para el tratamiento de los accidentes vasculares cerebrales, considerando los elementos comunes existentes entre esta patología y la que produce los acúfenos", ha añadido. Por el momento se trata de compuestos con denominaciones de laboratorio (por ejemplo, el U80816E) que no podrán comercializarse hasta finalizar todas las investigaciones.

Los anticonvulsivantes no han dado el resultado que parecía vislumbrarse en algunos estudios y los trabajos experimentales en animales con derivados del ácido glutámico y con inhibidores de las calpaínas para cortar los canales de neurotransmisores del sonido plantean muchas dudas (en un animal es imposible saber si el acúfeno está presente o no). A pesar de ello, las leupeptinas han mostrado actividad. Se ha observado que pueden limitar de forma considerable el daño causado al oído interno tras la isquemia o traumatismo producido por el ruido continuo.

Hay que señalar que no se puede proteger el oído frente a la administración de productos ototóxicos, como los derivados del platino, ni son administrables por ahora a humanos, puesto que se emplean sistemas de infusión continua a través de un pequeño tubo insertado en el oído interno.

Además de estas terapias farmacológicas, también existen sistemas físicos de tratamiento. Hay aparatos para enmascarar el ruido, que hacen que el paciente oiga más el sonido exterior que el interior, y otros que producen un ruido que se puede ajustar para que sea más bajo que el sonido interior del paciente, sin enmascararlo, con el fin de generar una habituación, son tratamientos paliativos y efectivos sólo en algunos casos. También hay pacientes que han solicitado que se les corte el nervio auditivo para liberarse de la insoportable molestia, pero los estudios indican mejora sólo en un tercio de los casos. Varios tipos

Hay varios tipos de percepción sonora o acúfenos. Los subjetivos o sensación de ruido, que forman la gran mayoría, son los de tipo continuo, ya sean graves, agudos o zumbidos de difícil clasificación, mientras que los objetivos o ruido real dentro del paciente son habitualmente discontinuos, tanto si siguen un cierto ritmo (pulsátiles, como el ritmo cardíaco) como si suenan como ráfagas de ametralladora. Si existe un acúfeno se considera que hay una lesión causante, que en muchos casos produce también una pérdida de audición asociada. Por ejemplo, un traumatismo sonoro tras años de trabajo en un ambiente ruidoso produce una alteración del nivel de audición, de intensidad muy variable, y en algunos casos también se asocia a un acúfeno. En otros casos, el tinnitus se presenta en oídos absolutamente normales, tanto desde el punto de vista auditivo como de la exploración complementaria.

La inhibición de neurotransmisores podría controlar los acúfenos Los acúfenos son un síntoma asociado a enfermedades o alteraciones de la vía auditiva; por eso, es fundamental establecer un diagnóstico correcto. Las investigaciones en modelo animal se centran en los inhibidores de los neurotransmisores, que, por el momento, están dando buenos resultados. Los datos indican que aproximadamente el 30 por ciento de la población española padece ruido subjetivo de los acúfenos.

El acúfeno es un ruido subjetivo que escucha el paciente sin parámetro medible. Es un síntoma asociado casi siempre a otras enfermedades o alteraciones de la vía de información auditiva, desde la periferia hasta los centros; desde un simple tapón que puede ocluir el control auditivo externo hasta una ortoesclerosis que bloquea el sistema de paraemisión de la cadena, una perforación timpánica y no digamos los tumores del acústico o enfermedades degenerativas del sistema nervioso central.

"Hay que hacer una historia clínica adecuada para ir orientando al paciente. Si es un sujeto que centra su acúfeno en una pérdida auditiva y mareos acompañada de supuración de oído estamos orientados a que la propia lesión de oído sea la causante. En otros casos, si no se produce ningún síntoma otológico puede estar vinculado a un cuadro de hipertensión, una aterosclerosis o un fenómeno degenerativo de las carótidas. Los cuadros clínicos son los que primero orientan y después se debe proceder al estudio de pruebas otológicas y radiológicas, tomar la tensión arterial, o hacer una analítica de sangre".

Dependiendo del origen de la enfermedad, es necesario agotar las pruebas que se tienen. En cualquier caso, "el tratamiento deberá ser etiológico. Si se conoce la causa se puede tratar adecuadamente. Las más habituales son enfermedades del oído externo o medio. En otros casos, la hipertensión arterial está también muy relacionada con los acúfenos". Sin embargo, cuando no se conocen hay que recurrir a enmascaradores. Se trata de una prótesis auditiva que se coloca en el oído después de haber detectado las frecuencias en las cuales están los ruidos. "Se trata de colocar el enmascarador en unas frecuencias vecinas o en un espectro semejante al que tiene el paciente. Se le coloca dentro del conducto auditivo externo. Se trata de una prótesis intraauricular o retroauricular que envía sonido".

"En este campo aún hay mucho por hacer. Se está investigando en animales de experimentación con una serie de lesiones con ototóxicos, comparándose las alteraciones que se producen en las otoemisiones con los potenciales cocleares y después se administran fármacos que inhiben, por ejemplo, los neurotransmisores, tanto los aferentes como los no eferentes, porque hoy en día se piensa que los neurotransmisores, sobre todo los inhibidores y bloqueadores del glutamato, abren un nuevo campo sobre el que investigar".

Aproximadamente el 30 por ciento de la población padece el ruido subjetivo de los acúfenos. "Sin embargo, en raras ocasiones menos de un 5 por ciento de los casos, desde luego, estas lesiones no tienen origen neurológico o tumoral". En cualquier caso, "es preciso establecer un buen diagnóstico para atajar la raíz del problema", "la audiometría o los potenciadores emitidos son algunas de las técnicas de uso más común".

En lo que se refiere a los tratamientos se pueden avanzar más novedades. "Además de los vasodilatadores cerebrales que mejoran la circulación y el riego, los avances llegan del campo de las técnicas de habituación y reentrenamiento para la mejora de la percepción individualizada del acúfeno. No conviene olvidar que cada paciente percibe el ruido de una manera diferente y hay que establecer las estrategias terapéuticas que convengan a cada caso". En este sentido, hay que hacer hincapié en "la importancia del diálogo con el paciente, haciéndole ver que el sonido que percibe no es tan molesto como supone; es un primer paso para que se habitúe. Además, hoy en día se emplean intimidadores acústicos que suplantan el ruido después de hallar la frecuencia en la que el paciente percibe el acúfeno".


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